La Baja Montaña al Natural
La variedad paisajística, la existencia de microclimas y la diversa tipología de sus viviendas hace de la comarca de Sangüesa un entorno de contrastes y movimiento que sorprende al viajero con sus suaves cambios.
La Baja Montaña brinda la oportunidad de embriagarse de toda su belleza en un espacio accesible y desconocido.
De la Montaña a la Bardena por el río Aragón
Descubra y recorra al igual que el cauce del río Aragón, la diversidad de paisajes de una comarca de transición:
Desde la Sierra de Leire poblada de encinas, carrascas y hayas en las partes más umbrías, evidencia de las reminiscencias de un clima más alpino,...
... atravesando el policultivo mediterráneo donde se alternan pastos, matorrales y masas arbóreas de carrascas y cultivos de cereal y viña...
... para llegar al paisaje desértico y erosionado de la Bardena solo humedecido por el caudal de este río.
Las joyas naturales de la Baja Montaña
La Sierra de Leire y sus roquedos, la foz de Lumbier y el buitre leonado, los fósiles de aves marinas, los ríos Iratí, Onsella y Aragón, el Soto de Campo Allende y la vegetación de ribera, la Reserva Natural de Caparreta, el águila perdicera y la libélula Gomphus graslini, los más meridionales robledal de Aibar y hayedo de Petilla hacen de la Baja Montaña un habitat de especial singularidad.
PASEOS POR LA BAJA MONTAÑA
Una red de senderos señalizados le permitirá disfrutar sin problemas del gran placer de caminar. Senderos locales con multitud de variantes (que próximamente se unirán en un GR), le posibilitarán realizar deporte en contacto directo con la naturaleza, la historia, las costumbres y la cultura natural y patrimonial de la Baja Montaña.
Las joyas naturales de la Baja Montaña
La Sierra de Leire y sus roquedos, la foz de Lumbier y el buitre leonado, los fósiles de aves marinas, los ríos Iratí, Onsella y Aragón, el Soto de Campo Allende y la vegetación de ribera, la Reserva Natural de Caparreta, el águila perdicera y la libélula Gomphus graslini, los más meridionales robledal de Aibar y hayedo de Petilla hacen de la Baja Montaña un habitat de especial singularidad.
BAJA MONTAÑA | MENDI BEHERA